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Mi novia Alberta

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120212-M-MM918-007 U.S. Marine Lance Cpl. David Manning digs a foxhole at his platoon's defensive position during Operation Shahem Tofan Eagle Storm in the Garmsir district, Helmand province, Afghanistan, on Feb. 12, 2012. Manning is a machine gunner assigned to Weapons Company, 3rd Battalion, 3rd Marine Regiment. DoD photo by Cpl. Reece Lodder, U.S. Marine Corps. (Released)

Durante mis primeros días de instrucción, recuerdo el énfasis que hacía el Sargento Cazador en llegar a una cota alta para observación, como si tomar el high ground fuera igual de importante que en la épica escena donde se enfrentan Anakin y Obi Wan. Hasta recuerdo el hecho de renegar por quedarme sin stamina, subiendo la condenada loma entre jadeos de mi pobre avatar y la escasa línea de visión hacia delante. Y casi llegando a la cima, la voz del Cabo Asturias repitiendo constantemente “al llegar, bajen perfil”.

Este escenario, que obviamente resulta coherente, nunca tuvo tanta significancia como hasta hace unos días, mientras estabamos de patrulla bajo el mando del Cabo Blum. La misión era simple: llegar mediante transporte aéreo hasta un LZ cercano a una zona ocupada por alguna que otra patrulla rusa, abatir la oposición, y tomar control de la misma. Antes de salir, y como lo pide el protocolo, más de lo mismo: configurar radio, tapones para oídos, seguro del arma, numeración del personal, radio check y salir. Y alguien dijo: “llevamos pala?”… si, otra vez, la puta pala. Como lo requiere el loadout, siempre llevo ese trasto a regañadientes en mi mochila; hasta estoy seguro de haber pensado: “mis compañeros llevan lanzacohetes, ametralladoras ligeras, binoculares Vector, lanzagradas… y yo llevo una puta pala”. Pero el destino, que siempre gusta de hacerme estos guiños, me hizo cambiar de parecer de fórma rotunda, como paso a relatar a continuación.

Al llegar, el protocolo de siempre: desembarcamos en el LZ, protección 360 y a buscar la cota más alta; luego escalón cargado a la derecha con el E1 Kaleb (y su pala todopoderosa) como punta. Después de jadear un rato, y antes de llegar a la cota, comenzó el carnaval soviético: una patrulla con 4 elementos abre fuego sobre nosotros. Rápido! al suelo, línea de tiradores, responder fuego, granada de humo, y a subir la loma! Por suerte logramos abatirlos, pero el Dios Internet cobró una vida: el Radioperador Agman se perdió entre pings y lags (no por fuego enemigo). El Cabo Blum indica: hagan una trinchera hacia el NE. ¡Al fin la condenada pala tendría sentido!… pero no, porque el E1 Kaleb se asustó con el tiroteo, se equivocó en los controles del ACE y terminó con su propia mochila enredada entre sus piernas, corriendo entre la balacera y moviéndose lento como un niño con los pañales cagados. Cuerpo a tierra, y a buscar más amenazas.

Minutos mas tarde, después de quitarse la mochila de entre las piernas y ponerla en su lugar, continuamos la marcha hacia la parte alta de la colina. Antes de llegar, vemos un Jeep con 4 soviéticos más y bajamos perfil. A la orden del Cabo, nuevamente otra posibilidad de usar la pala: en esta ocasión, hice una trinchera en dirección de los soviéticos… una vez que la barra de progreso terminó, me dispuse con fusil en apoyo sobre mi flamante trinchera, junto al E3 Daereb y el E3 Alejandro. Abatimos a los rusos, y como abejas a la miel, apareció otro Jeep que también fue abatido (el cual casi nos embiste, pero ahí estaba la trinchera valiente oponiendo resistencia). Tengo que reconocer que la pala ya había empezado a gustarme, había pagado su propio peso y no era más un condenado trasto.

Una vez en la loma, a hacer trincheras: nunca cavé tan rápido ni tan feliz como en esa endiablada cota, sobre todo cuando mis compañeros indican dos patrullas más (8 comunistas sedientos de venganza) que intentaban flanquearnos. La suerte estaba echada, esa trinchera en la colina era nuestro bastión, y saldríamos de ahí vivos o en bolsas. Y todavía faltaba la cereza del postre: en la zona a tomar, desde donde teníamos visual, había un camión con 8 elementos más conductor, cantando Katyusha (escuchar en YouTube) y desenfundando sus AKs.

El combate fue muy áspero, con perfil MUY bajo, detrás de las trincheras, escuchando zumbar proyectiles de 7.62 soviéticos y algún RPG que impactó a escasos metros nuestros. Después de quemar muchos cargadores, buenos reelevos en recargas, una línea de tiradores sincronizada como un reloj suizo y una trinchera legendaria, logramos abatir todos los enemigos, tomar la zona, y volver sanos y salvos evacuados por el Oficial de Cuervos Lucas en helicóptero. No dejo de fascinarme al pensar lo gratificante que resulta superar un obstáculo a fuerza de técnica y entrenamiento; es ese momento donde se valora lo aprendido en las prácticas y la maestría de mis compañeros, donde cuatro hombres sobreviven un combate contra tres decenas de enemigos.

Para finalizar, el saldo: entre 25 y 30 rusos abatidos, zona controlada, y una baja en nuestras filas (no por fuego enemigo, sino por problemas en la conexión). Y en lo que al E1 Kaleb respecta, ha encontrado su amor en el teatro de operaciones: Alberta, la pala.

3 COMMENTS

  1. Señor…………me quito el sombrero y me pongo de pie ante tal relato. Sentia la desesperacion de tan solo leer.
    Formidable!!!!

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