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Ascenso a E1: Memorias de un ex-recluta

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“La class que la rulea en el meta del tier es el heavy gunner”, “si no te conoces el mapa los snipers no te dejan salir del respawn” o “si no llevamos un support nos van a partir” son frases que detesto y en su momento sacaron lo peor de mí (y al día de hoy lo siguen haciendo). Es cierto que tengo 39 años y siempre me consideré un gamer (o en el mejor de los casos, un niño grande con dinero), pero está claro que mis reflejos no son los mismos de antes.

Paliza tras paliza fui padeciendo el PvP durante los últimos años, donde las experiencias con diversos FPS’s me han llevado a morir combatiendo desde la primera guerra mundial hasta en el espacio. Pero siempre hubo algo que faltó: coherencia y realismo. No importa si el audio o el video de la saga Battlefield son inigualables, a la larga la experiencia de juego se me hace frenética y repetitiva, y por ende, aburrida. Los one-man-army y la reacción ojo-mano-mouse son los ganadores en juegos de guerra que, en el mejor de los casos, ostentan levantar la bandera del realismo y no son ni mas ni menos que arcades bien maquillados; y ni siquiera estoy mencionando el hecho de jugar solo por “desbloquear” armas o equipamiento que tornen la balanza de la victoria a mi favor. Pese a todos estos ingredientes, siempre me esforcé por combatir en patrulla con mis amigos, pero la anarquía generada por estos títulos bélicos en el campo de batalla terminan cansándome (y ni hablar cuando un niño de escasos doce años te hace un tea baggin’ después de volarte la cabeza a puro hack).

Como un eco resonando en mi cabeza estaba el título ArmA. Prometía ser un simulador de combate, completo y derecho. Ya no más saltar en pleno vuelo desde un F16 lleno de C4 para subirme a un Apache. Un paso más lento, escenarios enormes, realismo y muy buenas críticas de la comunidad. Lo compré y lo disfrute en solitario, para luego buscar alguna comunidad de veteranos como yo que quisieran simular de la misma manera. Y después de entender el término “milsim”, encontré una comunidad llamada SFS, y llené el formulario de solicitud de ingreso como reservista, el cual reconozco me pareció lo suficientemente exhaustivo como para pensar “mierda, estos tipos se lo toman en serio”.
Y fue así que tuve una entrevista por TeamSpeak, y me invitaron a algo raro llamado Curso Básico de Instrucción (CBI). Asistí y de primera me fascinó la forma de hablar que tenían los miembros dentro del simulador: habían rangos, formaciones, vestimenta y gesticulaciones como en el ejército; cada uno tomaba parte de su papel y lo respetaba a rajatabla. Aprendí los pormenores del Orden Cerrado, como formar, como moverme, como dirigirme a un superior, y lo mejor de todo, desde mi humilde lugar, me sentí parte de esa simulación alucinante: carajo, era como estar en el ejército de verdad. Había encontrado un montón de enfermitos como yo que ya no jugaban a la guerra: estaban simulando un ejército! Había fuerza aérea, entrenamientos, cursos y especialistas (recuerdo que ahí mismo aprendí lo que era un EOD). Ya no tenía que sumar horas de tiempo y acaparar puntos de experiencia para subir de nivel y desbloquear equipamiento, tenía que ganármelo aprendiendo a simular formando parte de una escuadra, patrulla y binomio. Tenía mi responsabilidad, y de ello dependía la experiencia de juego de mis pares. Mis superiores eran referentes, todos siempre bien predispuestos a enseñarme y marcarme las buenas prácticas, dirigiéndose con el mayor de los respetos.

Y después de tanta preparación llegó mi primer misión: nada de respawn ni paparruchadas… todavía recuerdo la sutil adrenalina de ver a mis compañeros en silencio mientras el piloto de cuervos nos transportaba al LZ y la frase “morís un viernes y te vas a dormir temprano”.

Con el correr de las semanas fui aprendiendo cómo moverme en escuadra, cómo operar una radio, cómo hacer un repliegue táctico, cómo combatir en la jungla, cómo manejar en un convoy, cómo hacer un desembarco anfibio, cómo disparar preciso cual Tirador Designado, cómo descender a rapel desde un helicóptero… en definitiva, encontré la satisfacción alucinante de que un día el Capitán me diera un ascenso a soldado, abandonando así la jineta de recluta por un trabajo bien hecho, por el reconocimiento de mis compañeros al esfuerzo realizado y el venidero, donde el parche que cuelga de mi hombro fue otorgado por un superior y no por un algoritmo que sólo puede acumular puntos, y lo mejor de todo, es que encontré una hermandad de la que me siento parte con mucho, mucho orgullo.

Gracias SFS.

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